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jueves, 11 de septiembre de 2014

Desde el celular

En una casa nueva, unos meses más de vida y muchos sentimientos encontrados.  Ya no escribo y eso duele porque es una parte de mí que no sale a la luz, que se queda atascada allí sin otro remedio que frustrarse.
Tengo fe en que mi vida va a ir encaminándose profesionalmente hacia donde yo quiero, porque al fin y al cabo, el camino lo va trazando uno mismo.

Esta es mi manera de volver creo. Desde la tenue luz de la lámpara, desde el silencio de la noche entrecortado por los profundos respiros de mi compañero.  A veces hay una cierta urgencia en esto de escribir, si no lo hacés en el momento, ya es es tarde luego. Veremos cómo sigue .

sábado, 16 de noviembre de 2013

Yo soy yo

Hay días en los que quisiera ser una mujer que trabaja en algo que ama, que lo hace bien, que es exitosa y reconocida por ello. Hay otros días, en cambio, en los que quisiera ser una buena ama de casa: ocuparme de mi hogar como lo hiciera mi abuela, como lo hace mi mamá. Conciliar los dos ideales de mujer, tal vez; el trabajo y los quehaceres del hogar; el buen sueldo y la ropa limpia y perfumada, sin polvo sobre los muebles, ni pelusas al acecho detrás de las puertas. Me gusta pensar que algún día voy a poder ser esas dos mujeres, pero siendo una sola. Sin embargo, soy yo, la única hoy, la que escribe poco porque le falta el tiempo –o no sabe organizarse-, la que no llega a lavar todos los platos de una sola vez porque siempre, por alguna extraña e incomprensible razón, se acumulan en la pileta de la cocina; la que se levanta temprano antes de que suene su despertador para poder tomar el desayuno con su compañero, ya que no lo verá hasta la noche cuando vuelva de la oficina. Soy yo, la misma que prepara una torta de manzana expectante, con la ilusión de que le guste a él porque las “verdaderas mujeres” cocinan bien, y limpian la casa y planchan la ropa y trabajan afuera y se maquillan, se peinan, se depilan, toman la píldora, son buenas amantes, no molestan con trivialidades, siempre están ahí, presentes en el hogar, cerca y al mismo tiempo, impecables, arregladas para gustar, todo de la manera más natural posible. 


Y aquí estoy yo, queriendo ser alguien que no soy hoy.


Yo soy esta: la que se levanta tarde cuando hacer fiaca en la cama es la opción más interesante de la mañana o la que se levanta temprano para trabajar, para preparar una torta, para limpiar o simplemente para salir a caminar; la que sonríe siempre, pero también se enoja y se ofende cuando hieren su sensibilidad; la segura con el sexo opuesto y la insegura en el amor después del enamoramiento; la celosa empedernida, sin tregua, y la que comprende y acepta y recibe a brazos abiertos; la que habla hasta por los codos, yéndose por las ramas contándote una historia que para ella es interesante, para involucrarte en sus recuerdos, en sus proyectos, en su vida; la que calla si está triste y herida por dentro; la que perdona cuando ya no le importa; la que “está todo bien” con un abrazo sincero, sin necesidad de pedir disculpas. 

La que escribe este blog y la que no lo escribe también. 

domingo, 29 de septiembre de 2013

Tres palabras para reparar la promesa incumplida

El otro día una amiga me dice: "oye y lo de tu blog qué? se supone q ibas a escribir a diario pero no veo nada desde el día 8!" Sí, es la triste realidad. Largué un desafío y no escribí más. ¿Cómo puede ser? Fácil: la Vida. 

Me encanta escribir en el blog, me gusta la idea de el "reto de las palabras", adoro aprender cosas nuevas, pero la Vida -mi vida- me presenta situaciones en las que me toca elegir entre escribir para el blog o vivir plenamente el momento, sentir lo que siento cuando lo siento (bueno, ¿a quién no?). A veces sucede que no tengo ganas de escribir, o mejor dicho, tendría ganas (esas ganas físicas) de sentarme y escribir una entrada para el blog, pero hay emociones fuertes que me agobian, me demuelen todo deseo de expresarme por escrito. Hay veces que me siento vacía de energías, o quizás demasiado cargada con el día a día en una nueva ciudad, otro idioma, sin amigas cerca. Estoy en fase de adaptación. 


Volviendo al desafío de las palabras, para reparar el daño por la promesa incumplida, he aquí tres términos que -hasta hoy- eran desconocidos para mí. Me topé con ellos leyendo a Alfonsina Storni. Aquí les dejo las definiciones según la RAE:

IRISAR: Dicho de un cuerpo: Presentar fajas variadas o reflejos de luz, con colores semejantes a los del arco iris. 

Oh tú, que con tus manos puedes tomar mi testa
y hacerle brotar flores como un árbol en fiesta
y hacer que entre mis labios se arquee la sonrisa
como un cielo nublado que de pronto se irisa. (...)


CIENO: Lodo blando que forma depósito en ríos, y sobre todo en lagunas o en sitios bajos y húmedos.

Tu vida es un gran río, va caudalosamente.
A su orilla, invisible, yo broto dulcemente.
Soy esa flor perdida entre juncos y achiras
que piadoso alimentas, pero acaso ni miras.

Cuando creces, me arrastras y me muero en tu seno;
cuando secas, me muero poco a poco en el cieno;
pero de nuevo vuelvo a brotar dulcemente
cuando en los días bellos vas caudalosamente.

Soy esa flor perdida que brota en tus riberas
humilde y silenciosa todas las primaveras.


ESCANCIO: de "escanciar", o sea, echar el vino, servirlo en las mesas y convites o beber vino.

El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera. (...)


Debo decir que la última palabra la ignoraba completamente y es la que más me gusta de las tres. Parece ser que deriva del gótico skankjan ("servir bebida") y en España se usa especialmente para designar la acción de verter la sidra desde lo alto en el vaso para que al caer forme espuma. 

Bueno, esta vez no quiero prometer nada. Hasta la próxima, eso seguro! ;-)