Septiembre siempre lo relacioné con la primavera, las remeras mangas tres cuarto y los mates en algún parque. No sé bien cómo es eso de que uno asocia olores, texturas, gustos y sonidos a los recuerdos -¿o eso que llamamos memoria estará hecha de nuestras percepciones sensoriales tal vez? La primavera lleva diez años apareciéndoseme a fines de marzo, ya abril en todo su esplendor. Pero eso de los recuerdos de infancia te marcan, como bien sabemos. Septiembre es eso en el otro hemisferio, en mi otra mitad, en la casa de niñez, la preadolescencia exuberante, las idas y venidas.
Regreso a estos pagos bloggeros -o bitacoreros para los amigos puristas- justo en septiembre, cuando este otro hemisferio, el boreal, se despierta de una siestita durada un verano, fugaz, raro, pero al fin verano y todo lo que eso significa.
Extrañaba escribir, casi que había perdido la costumbre. Por eso, he pensado en volver de una manera distinta, didáctica (para mí y para quien lo desee) pero siempre respetando la esencia de BSF, que sería algo así como un lugar de encuentro para todos los que amamos la lengua española y a sus plumas más sensibles.
Se trata de un desafío personal. Todo se debe a mi reciente ingreso al estudio de la bellísima lengua francesa. Estoy dando mis primeros pasos en el francés y en su inigualable fonética, (no se preocupen, no habrá nada de galicismos en BSF!).




