miércoles, 4 de septiembre de 2013

De septiembre, regresos y novedades en el blog

Septiembre siempre lo relacioné con la primavera, las remeras mangas tres cuarto y los mates en algún parque. No sé bien cómo es eso de que uno asocia olores, texturas, gustos y sonidos a los recuerdos -¿o eso que llamamos memoria estará hecha de nuestras percepciones sensoriales tal vez? La primavera lleva diez años apareciéndoseme a fines de marzo, ya abril en todo su esplendor. Pero eso de los recuerdos de infancia te marcan, como bien sabemos. Septiembre es eso en el otro hemisferio, en mi otra mitad, en la casa de niñez, la preadolescencia exuberante, las idas y venidas. 

Regreso a estos pagos bloggeros -o bitacoreros para los amigos puristas- justo en septiembre, cuando este otro hemisferio, el boreal, se despierta de una siestita durada un verano, fugaz, raro, pero al fin verano y todo lo que eso significa. 
Extrañaba escribir, casi que había perdido la costumbre. Por eso, he pensado en volver de una manera distinta, didáctica (para mí y para quien lo desee) pero siempre respetando la esencia de BSF, que sería algo así como un lugar de encuentro para todos los que amamos la lengua española y a sus plumas más sensibles.

Se trata de un desafío personal. Todo se debe a mi reciente ingreso al estudio de la bellísima lengua francesa. Estoy dando mis primeros pasos en el francés y en su inigualable fonética, (no se preocupen, no habrá nada de galicismos en BSF!).

domingo, 26 de mayo de 2013

Recordando nuestra infancia: gracias, Elsa Bornemann!

Leer era un placer cuando de leer sus historias se trataba. Quedarse hasta tarde acompañada por sus personajes, nunca sola. Hoy pensaba que, gracias a ella, el castellano me parecía asequible, bello, mágico. Gracias a Elsa Bornemann y a sus cuentos, mi infancia fue una casa feliz llena de lecturas y de sueños divertidos. 
Gracias Elsa Bornemann por regalarnos tu fantasía y fomentar nuestro amor por los libros!

Aquí comparto un poquito de su obra.

tapa_chicos enamorados_Bornemann


viernes, 10 de mayo de 2013

Una mañana a pie por Ginebra

La primavera se hace desear en Ginebra este año. Si bien los árboles están florecidos, teñidos de blancos pimpollos, o de flores en todas las tonalidades del rosa, el viento sopla frío cerca del lago Léman y más aún cuando cruzás el Pont du Mont-Blanc en moto.

Salgo de casa -de mi nueva casa (qué raro suena)- y doblo en Rue de l'Encyclopédie, la calle de los estacionamientos la llamo yo. Resulta que encontrar un lugar libre para estacionar el coche puede ser toda una odisea en Ginebra. Pero esta callecita a la apariencia angosta, nunca falla. Sigo un par de metros y desemboco en Rue Voltaire, la avenida. Pienso en qué lindos nombres tienen estas calles que rodean el depto; y si agregamos Rue des Délices -por el Parc des Délices que se asoma por ahí- cartón lleno. Sin contar que a la vuelta de casa, siempre sobre esta calle, en una esquina hay una pequeña cabina blanca llena de libros y VHSs que los vecinos de la zona dejan para intercambiar entre ellos; algo que realmente me hizo alucinar. 
Continúo por Rue Voltaire, paso por debajo del puente de las vías del tren -la Gare Cornavin queda bastante cerca- y hoy, en vez de doblar a la derecha en el Bd. James-Fazy para ir al mercado de las pulgas de Plainpalais, cruzo y sigo por Rue du Temple. Cualquiera que haya visto "El código Da Vinci" se esperaría una catedral inmensa o algún monumento misterioso dedicado a los templarios. Por el momento, nada raro que haya llamado mi atención, pero siempre que paso, trato de observar cuidadosamente las fachadas de los edificios en busca de algún indicio. 
Llegando al final de Rue du Temple, me encuentro con la callecita que bordea el Rhône, donde alguna que otra vez me senté en las escalinatas de la vereda para admirar el juego de luces artificiales sobre el agua en las oscuras tardes de inverno. Siempre que cruzo al otro lado de la ciudad por Rue des Moulins, no dejo de asombrarme de lo bello y necesario que es tener un río o un lago (y los más afortunados el mar) en las grandes ciudades. No es solamente una cuestión estética para mí: el agua que fluye, que se mueve, que viene y que va, genera un torbellino de emociones dentro de uno, que a veces calma y serena los ánimos inquietos, y otras, los sacude hasta despertarlos del sopor más profundo.

Ginebra-Genève-Geneva

lunes, 29 de abril de 2013

"Y que cuando se ama, se ama, y que sólo es pecado el mal comportamiento" - Tres poetisas



Parece ser que la inspiración se ha marchado a algún lado misterioso, escondida en un rincón del presente, tal vez. Han pasado varias cosas desde la última vez que escribí en el blog, pero hoy no voy a hablar de ellas, sino que voy a empezar por donde todo tiene origen para mí: la poesía.

Poesía femenina, mujeres poetas. Poetisas las llaman. 
Para leer, disfrutar, pensar, recordar, imaginar.

Juana de Ibarbourou (Melo, 1892 - Montevideo, 1979),
Gloria Fuertes (1917 - 1998, Madrid),
Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902 - Madrid, 1984).

(Próximamente, historias desde Ginebra)

sábado, 23 de marzo de 2013

Aires de primavera

En Faenza ya se respira el verano. O tal vez exagere y sea simplemente la primavera.
La primavera se siente a la noche, esa mezcla dulzona de polen y hierba verde fresca. Es como despertar después de un largo descanso: los pies cosquillean, las piernas se estiran y la piel se eriza otra vez. El sol ilumina de otro modo, acaricia apenas pero es más constante, no quema pero aún así está presente. 

Salí a dar una vuelta con la angustia y la tristeza que me abrumaban el pecho, me subían despacio por la garganta hasta quedarse atoradas en mi boca, sin poder liberarse o sin quererlo tal vez. Las calles de Faenza me parecían raras, distintas a como las había dejado la última vez: el verde empezaba a teñir las copas de los árboles y de los balcones se asomaban los rojos y amarillos, tímidos o precavidos, no sabría decir bien. 
Veía el renacer de la naturaleza delante de mí y se me ocurrió pensar en si realmente todo lo que parece terminar se acaba definitivamente. ¿A dónde van a parar aquellas emociones que nos erizaron la piel tantas (o algunas?) primaveras atrás? ¿Se efumaron en la nada de un día para el otro, o se fueron desgastando, deshojando, amarronando hasta caer al suelo y convertirse en polvo? 

Pero de ese polvo nacen flores hermosas.
 
¿Y el ciclo natural de las cosas es que esa belleza se expanda, viva, crezca y luego muera? ¿Cuando se acaba lo que un día fue vivo y latía, gemía y se estremecía, morimos también un poco nosotros? Y qué de los miedos, el maldito ego, las frustraciones: ¿acaso también desaparecen para siempre?

Tal vez renazcan con cada primavera, como las flores hermosas después del crudo invierno, del polvo caído disfrazado de lágrimas. Y ahí están, siempre vuelven. 

Rosa china

sábado, 23 de febrero de 2013

Y hay tardes en las que me quiero junto a vos


La nieve ilumina el cielo y, en su caída, lentifica nuestros gestos. Me veo en cámara lenta, caminando por los senderos blancos, algunas hojas mojadas e insólitamente dos conejos, inmóbiles por el frío, que inspiran una ternura inmensa en mi corazón agitado. 
Respiro la nieve, la estrujo con cada paso que doy y una rara sensación me invade: es hermosa, como desmenuzar un cubito de levadura entre las manos, o espolvorear Maizena sobre la mesada. El tacto y el oído, la vista y el olfato; los sentidos se unen para regalarnos momentos como estos. Una comunión perfecta.
nieve Faenza

lunes, 18 de febrero de 2013

Los fuegos



No hay dos fuegos iguales, dice Eduardo Galeano.

No, claro que no. 
Cada fuego se enciende de forma distinta: algunos empiezan rápidamente con un combustible y una fuente de calor, otros luego de mucha constancia de frote con una piedra o una rama, pero muy pocos son los que nacen de dos miradas que se cruzan. Son estos últimos, los fuegos del alma, esa gran llama interior que todo lo alumbra y quema la piel como el sol en pleno verano. 

No hay dos fuegos iguales, hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores